Para mejorar tu visión periférica mientras juegas, puedes probar varios ejercicios. Uno de ellos es el de puntos fijos en la habitación, donde miras fijamente a un punto delante de ti y gradualmente expandes tu campo visual para ver los puntos laterales. Otro ejercicio es la expansión progresiva, donde comienzas mirando un punto enfrente tuya y te das cuenta de todo lo que hay en la habitación a ambos lados sin dejar de mirarlo. También puedes practicar con dos dedos índice cerca de tus ojos, separándolos lentamente mientras mantienes la mirada en un punto enfrente.
Además, puedes intentar ejercicios como leer comenzando desde la segunda o tercera palabra del principio del renglón y pasando al siguiente cuando hayas llegado a la antepenúltima o penúltima palabra, de manera que dejas a tu visión periférica las primeras y últimas palabras de cada renglón. Otra opción es practicar con otra persona, mirando a través de ella y detectando movimientos sutiles con los dedos, pies o gestos.
Incluso actividades como pasear por una calle transitada, jugar malabares, lanzar bolas de papel a una papelera sin mirar directamente hacia ella, o hacer ejercicios con hojas que tienen letras y números repartidos de forma aleatoria pueden ser beneficiosas. También se puede practicar la visión periférica mediante la memorización de mapas mentales o jugando deportes como el fútbol o el baloncesto, confiando en tu visión periférica para percibir a tus compañeros de equipo y los contrarios en todo momento.